Enlace Patrocinado

Cómo optimizar la configuración de tu PC para obtener más FPS

Enlace Patrocinado

Uno de los objetivos de cualquier jugador de PC es conseguir la mayor cantidad posible de FPS (fotogramas por segundo). Una tasa de FPS elevada hace que los videojuegos se vean mucho más fluidos, mejora el tiempo de respuesta y proporciona una experiencia más cómoda, especialmente en títulos competitivos como Counter-Strike 2, Valorant, Fortnite, Apex Legends, Call of Duty o Rainbow Six Siege.

Muchas personas piensan que la única forma de aumentar los FPS consiste en comprar una nueva tarjeta gráfica o un procesador más potente. Sin embargo, existen numerosas configuraciones y ajustes que pueden mejorar considerablemente el rendimiento sin necesidad de invertir dinero. Optimizar correctamente el sistema operativo, los controladores, la configuración gráfica y algunos parámetros del propio juego puede marcar una diferencia importante, sobre todo en computadoras de gama media o equipos con varios años de uso.

Enlace Patrocinado

En esta guía conocerás los mejores métodos para optimizar tu PC y conseguir un mayor rendimiento en tus videojuegos.

¿Qué son los FPS y por qué son importantes?

Los FPS (Frames Per Second o fotogramas por segundo) representan la cantidad de imágenes que la computadora genera cada segundo.

Cuanto mayor sea esta cifra, más fluido se verá el movimiento.

Por ejemplo:

FPSExperiencia de juego
30 FPSJugable, pero con movimientos menos fluidos.
60 FPSMuy buena experiencia para la mayoría de jugadores.
120 FPSExcelente fluidez.
144 FPS o másIdeal para juegos competitivos.

En títulos donde los reflejos son importantes, una mayor cantidad de FPS puede facilitar el seguimiento de los enemigos y mejorar la precisión durante los enfrentamientos.

Mantén actualizados los controladores de la tarjeta gráfica

Uno de los primeros pasos para optimizar cualquier computadora consiste en instalar los controladores más recientes de la tarjeta gráfica.

Los fabricantes publican actualizaciones frecuentes que incluyen:

  • Mejoras de rendimiento.
  • Compatibilidad con nuevos videojuegos.
  • Corrección de errores.
  • Optimización para tecnologías recientes.

Actualizar los controladores puede ofrecer un incremento de rendimiento sin modificar ningún componente del equipo.

Siempre descarga los controladores desde la página oficial del fabricante para garantizar la compatibilidad y la seguridad.

Configura correctamente la calidad gráfica

Muchos jugadores utilizan automáticamente la configuración gráfica más alta sin comprobar si realmente es necesaria.

Reducir algunos parámetros apenas afecta la calidad visual y puede aumentar significativamente los FPS.

Las opciones que más influyen en el rendimiento suelen ser:

ConfiguraciónImpacto en los FPS
SombrasMuy alto
ReflejosAlto
Oclusión ambientalAlto
Distancia de dibujadoMedio-Alto
AntialiasingMedio
Efectos volumétricosAlto
Calidad de texturasDepende de la memoria de la GPU

Si buscas el máximo rendimiento, comienza reduciendo las sombras y los efectos volumétricos, ya que suelen consumir muchos recursos.

Utiliza la resolución adecuada

La resolución influye directamente en la carga de trabajo de la tarjeta gráfica.

Cuanto mayor sea la resolución, mayor será la cantidad de píxeles que la GPU deberá procesar.

Las resoluciones más habituales son:

  • 1920 × 1080 (Full HD).
  • 2560 × 1440 (QHD).
  • 3840 × 2160 (4K).

Si tu computadora tiene dificultades para mantener una buena cantidad de FPS, reducir la resolución puede ofrecer una mejora considerable.

Muchos jugadores competitivos prefieren jugar en Full HD para conseguir el mayor rendimiento posible.

Activa el modo de alto rendimiento de Windows

Windows incorpora diferentes perfiles de energía.

En algunos equipos, especialmente portátiles, el modo equilibrado limita el rendimiento para ahorrar batería.

Cambiar al modo de alto rendimiento permite que el procesador y la tarjeta gráfica trabajen con mayor libertad cuando el equipo está conectado a la corriente.

Este ajuste resulta especialmente útil durante las sesiones de juego.

Cierra programas innecesarios

Muchas aplicaciones continúan funcionando en segundo plano incluso cuando no las estás utilizando.

Navegadores con numerosas pestañas abiertas, programas de edición, servicios de sincronización o aplicaciones de mensajería consumen memoria RAM y recursos del procesador.

Antes de iniciar un videojuego conviene cerrar:

  • Navegadores web.
  • Programas de edición.
  • Aplicaciones de oficina.
  • Software que no sea necesario durante la partida.

Reducir la carga del sistema permite que más recursos estén disponibles para el juego.

Instala tus juegos en un SSD

Aunque un SSD no aumenta directamente los FPS, sí mejora considerablemente los tiempos de carga.

Los videojuegos se ejecutan de forma mucho más fluida al cargar texturas y archivos desde un SSD moderno.

Actualmente se recomienda utilizar:

  • SSD SATA para configuraciones económicas.
  • SSD NVMe para obtener el máximo rendimiento.

Si todavía utilizas un disco duro tradicional como unidad principal, cambiar a un SSD representa una de las mejores actualizaciones que puedes realizar.

Ajusta la configuración del propio juego

Muchos videojuegos incluyen opciones específicas orientadas al rendimiento.

Entre las más comunes se encuentran:

  • Escalado dinámico de resolución.
  • Tecnologías como DLSS, FSR o XeSS.
  • Limitador de FPS.
  • Campo de visión (FOV).
  • Calidad de partículas.
  • Iluminación dinámica.

Las tecnologías de reescalado permiten obtener una mayor cantidad de FPS manteniendo una excelente calidad visual.

Si tu tarjeta gráfica es compatible, activarlas suele ser una excelente decisión.

Mantén una temperatura adecuada

El exceso de temperatura puede reducir automáticamente el rendimiento del procesador y de la tarjeta gráfica.

Este fenómeno se conoce como Thermal Throttling.

Para evitarlo:

  • Limpia regularmente el polvo del gabinete.
  • Comprueba que todos los ventiladores funcionen correctamente.
  • Sustituye la pasta térmica cuando sea necesario.
  • Mantén una buena circulación de aire.

Una computadora bien refrigerada mantiene un rendimiento mucho más estable durante largas sesiones de juego.

Aumenta la memoria RAM si es necesario

Muchos videojuegos actuales funcionan correctamente con 16 GB de memoria RAM.

Sin embargo, si tu computadora todavía dispone de 8 GB y acostumbras a ejecutar varias aplicaciones simultáneamente, ampliar la memoria puede mejorar considerablemente la estabilidad.

La recomendación actual es:

RAMUso recomendado
8 GBJuegos ligeros.
16 GBLa mejor opción para la mayoría.
32 GBStreaming, edición y juegos exigentes.

Más memoria no siempre significa más FPS, pero sí ayuda a reducir interrupciones y tiempos de carga.

Desactiva aplicaciones de inicio automático

Muchos programas se ejecutan automáticamente al iniciar Windows.

Con el tiempo esto puede ralentizar el sistema.

Revisar periódicamente las aplicaciones de inicio permite liberar recursos antes incluso de abrir un videojuego.

Mantén únicamente los programas realmente necesarios.

Optimiza la configuración de NVIDIA o AMD

Si utilizas una tarjeta gráfica dedicada, el panel de control del fabricante ofrece diferentes opciones para priorizar el rendimiento.

Algunas configuraciones recomendables son:

  • Priorizar el máximo rendimiento.
  • Utilizar el modo de baja latencia cuando sea compatible.
  • Permitir que el juego controle la calidad de imagen.
  • Activar tecnologías compatibles con tu GPU.

Estos ajustes pueden ofrecer pequeñas mejoras que, sumadas, aumentan la estabilidad general.

Evita el exceso de programas RGB

Muchos periféricos gamer incluyen software para controlar la iluminación RGB.

Aunque individualmente consumen pocos recursos, utilizar numerosos programas abiertos simultáneamente puede afectar ligeramente el rendimiento en equipos modestos.

Si no los necesitas durante la partida, puedes cerrarlos temporalmente.

Mantén suficiente espacio libre en el disco

Cuando el almacenamiento está prácticamente lleno, el sistema operativo puede perder rendimiento.

Procura mantener al menos un 15 % o 20 % de espacio libre en la unidad donde se encuentra instalado Windows y los videojuegos.

Esto facilita la administración de archivos temporales y mejora el funcionamiento general.